A propósito de la impactante campaña “Tu hijo es lo que comes”

La semana pasada apareció en la prensa una noticia sobre una impactante campaña titulada “Tu hijo es lo que comes” diseñada en Brasil por la Sociedad Pediátrica de Río Grande del Sur (SPRS) que me ha inspirado a dedicarle un post. Como puedes comprobar, el titular de la noticia es bastante sensacionalista, tal y como sucede habitualmente con los temas relacionados con el impacto que tiene nuestra alimentación en la salud. En el caso de la noticia que nos ocupa me parece muy apropiado el titular, así que te sugiero seguir leyendo el post.

Imagen de la campaña “Tu hijo es lo que comes”: ABC.

La campaña pretende sensibilizar a las embarazadas de la importancia de llevar una alimentación saludable durante la gestación para no dañar la salud de su futura descendencia. Las mujeres embarazadas deberían estar más concienciadas de la importancia que tiene no solo para ellas sino para su descendencia cuidar su alimentación y estilo de vida durante esta etapa. ¿En España esto es así? Pues lamentablemente, no. La alimentación de las embarazadas en España no es para tirar cohetes, según se desprende de un estudio hecho a cerca de 14.000 mujeres españolas que afirma que “si bien durante el embarazo muchas mujeres aumentan ligeramente el consumo de verduras, la realidad es que las embarazadas españolas apenas cambian sus malos hábitos nutricionales durante el embarazo y la lactancia y siguen comiendo muchos embutidos y bollería”.

La etapa del embarazo es mucho más delicada que la lactancia ya que el paso de sustancias a través de la placenta es muchísimo mayor que a través de la leche materna. Es por este motivo que durante el embarazo es cuando realmente la alimentación de la madre tiene un gran impacto sobre el feto, mientras que la alimentación de la madre influye muy poco en la composición nutricional de su leche. Lo que sí es cierto es que la composición de la leche humana cambia desde el calostro hasta el final de la lactancia, dentro de las distintas tomas, en función de la edad gestacional, durante el día, y entre diferentes madres.

En los últimos cinco años, se ha empezado a profundizar en el estudio del impacto que tiene la alimentación de la madre y la ganancia de peso durante el embarazo en la microbiota de los bebés. Durante mucho tiempo se había considerado que el útero era completamente estéril y los bebés tenían su primer contacto con los microbios en el momento del parto. Sin embargo, el equipo dirigido por la Dra. Kjersti Aagaard de la Facultad de Medicina Baylor, en Houston, encontró el año 2013 que los bebés tienen su primer contacto con microbios en el útero materno (estudio). Según estos científicos, las bacterias de la boca de la madre se desplazan hasta la placenta, de forma que cualquier alimento o sustancia comestible que coma la madre puede acabar influyendo en la microbiota del bebé. El mecanismo exacto implicado en la transferencia de las bacterias desde la boca hacia la placenta aún se desconoce, aunque una vez en la placenta se cree que pasarían al bebé a través del líquido amniótico. Esto tiene una gran trascendencia si consideramos que la alimentación y los hábitos de vida de las embarazadas (actividad física, estrés, descanso, etc.) pueden influir en las primeras bacterias que colonizan el intestino del bebé, las cuales a su vez  modulan su salud futura. La microbiota del bebé también va a depender de otros factores, como si el parto es vaginal o por cesárea y si hay lactancia materna o de fórmula.

Las causas de la pandemia actual de obesidad van más allá del mero balance energético, e incluyen factores genéticos, neuronales y endocrinos (revisión). Las diferencias observadas en la diversidad, estructura y funciones de la microbiota intestinal entre sujetos con normopeso y sujetos con obesidad dio lugar al estudio de la microbiota como un elemento más a tener en cuenta en la prevención y tratamiento de la obesidad. Hasta qué punto el desequilibrio de la microbiota intestinal es una causa o una consecuencia de la obesidad sigue siendo objeto de debate. En el embarazo, se ha visto que el peso de la madre no solo influye sobre su microbiota intestinal (estudiosino que también afecta el número y la diversidad de las bacterias de la leche materna, que como sabes es el mejor alimento que se le puede proporcionar a un hijo. Además de sus nutrientes, también contribuyen a que la leche materna sea un alimento único otros compuestos beneficiosos para el crecimiento del bebé, entre ellos, los más de 700 tipos diferentes de bacterias que contiene (estudio), que asimismo son diferentes en función de si se trata del calostro o de la leche madura. Uno de los motivos por los cuales la leche de fórmula no tiene las mismas propiedades que la materna es que el número de bacterias que incorpora la leche de fórmula es muy limitado comparado con el enorme espectro de la leche humana. Cuando la madre tiene sobrepeso, su leche se ve afectada. La leche de las madres con sobrepeso pre-gestacional y con ganancia excesiva de peso durante el embarazo presenta una composición microbiana distinta y una menor diversidad bacteriana comparada con la de las madres con peso normal y ganancia adecuada de peso en la gestación. Como sabes, según las directrices publicadas en 2009 por el Institute of Medicine de Estados Unidos (IoM), si la mujer tenía normopeso (IMC de 18,5 a 24,9) antes de quedarse embarazada el incremento de peso (aproximado) en todo el embarazo debería ser de 11,5 a 16 kg. Mientras que si empezó con sobrepeso (IMC igual o superior a 25) o obesidad (IMC igual o superior a 30), el incremento de peso en todo el embarazo debería ser de 7 a 11,5 kg o de 5 a 9 kg, respectivamente.

Imagen: Creative Commons.

Todos estos datos ponen de manifiesto que el sobrepeso de la madre embarazada puede afectar a la composición microbiana de su leche y por tanto a la salud del bebé, teniendo en cuenta que la leche materna influye en la microbiota intestinal del niño y desequilibrios en ésta se han relacionado con el desarrollo de diabetes, obesidad, celiaquía, infecciones y alergias. Conviene recordar que la lactancia materna forma parte de las pautas para prevenir la obesidad en niños y adolescentes (estudio; estudio) y la microbiota está más implicada de lo esperado.

El tipo de parto también influye en la leche materna. De hecho, la leche de las mujeres sometidas a cesárea electiva o programada tiene una composición diferente y una menor diversidad bacteriana. Mientras que la leche de las madres sometidas a una cesárea no programada tiene una composición bacteriana similar a la de las que han tenido un parto vaginal. Estos resultados sugieren que el estrés fisiológico asociado a la preparación del parto (aunque después desencadene en cesárea) es importante para mantener una adecuada composición de la microbiota de la leche materna (estudio).

En conclusión, el sobrepeso en el embarazo tiene un impacto negativo tanto para la madre como para el bebé y uno de los protagonistas implicados es la microbiota. La modulación de la microbiota intestinal y de la leche materna como estrategia para combatir la obesidad constituye una estrategia prometedora, pero de momento conviene incidir en la importancia de mejorar el estilo de vida durante el embarazo, que especialmente en las gestantes españolas tiene un amplio margen de mejora.

Andreu Prados
Farmacéutico y Dietista-Nutricionista

Bibliografía:

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