Nuevo libro: “La digestión es la cuestión” de Giulia Enders

Durante este verano he podido disfrutar de mi familia, amigos y también de la playa que tanto me inspira. Soy un devorador de libros y desde hacía un par de meses tenía pendiente el libro “La digestión es la cuestión” (Ed. Urano, 2015) escrito por la médico y divulgadora Giulia Enders. Este verano lo he podido leer con calma, la mayoría de las veces con el mar de fondo, ¡un auténtico lujo! Como tiene que ver con mi especialidad y con la temática habitual de este blog, te traigo una reseña del libro para poder compartir contigo aquello que me ha parecido más relevante y también aprovecho para aportar mi granito de arena y mi punto de vista crítico del libro.

En España la primera edición del libro salió a la luz en marzo de 2015 y en Alemania ya lleva vendidos 2.000.000 ejemplares. Giulia Enders es una joven médica alemana que investiga para su tesis doctoral en el Instituto de Microbiología e Higiene Hospitalaria en Fráncfort. Tras presentarse en 2012 a un concurso de ciencia para jóvenes y ganarlo, su charla se convirtió en un fenómeno viral en YouTube.

Imagen: Cuartopoder

El libro se estructura en tres grandes bloques: 1) La digestión es la cuestión; 2) El sistema nervioso del intestino y 3) El mundo de los microbios. La mayoría de los conceptos que se tratan en el libro son ilustrados a través de dibujos elaborados por su hermana Jill, que por cierto me han encantado.

La primera parte del libro explora a fondo y de una forma amena y divertida el recorrido de los alimentos a lo largo de todo el tracto gastrointestinal, desde la boca hasta el recto. En esta parte Giulia enfatiza que si los occidentales cambiáramos nuestra posición al defecar, en vez de sentados en el váter hacerlo en cuclillas, podrían evitarse gran parte de las enfermedades intestinales como el estreñimiento, la diverticulitis y las hemorroides, según también publicó The Guardian. De hecho, la posición para evacuar explica por qué los asiáticos sufren menos todas las enfermedades intestinales antes mencionadas.

Por otro lado, también se hace un repaso rápido de las fases de la digestión y cómo se absorben los hidratos de carbono, las grasas y los aminoácidos. A nivel culinario da algún consejo con el que discrepo, como el de la recomendación de que es aconsejable freír con grasas sólidas como la mantequilla o la grasa de coco. Ambos alimentos contienen un alto contenido de grasas saturadas que hacen que soporten sin degradarse las altas temperaturas. A pesar de que las grasas saturadas no son tan malas como nos han hecho creer, hay más evidencia científica que justifica el uso de los aceites no refinados como el aceite de oliva virgen y el virgen extra para cocinar, que pueden aguantar hasta los 200ºC y 190ºC, respectivamente.

Tengo que decir que me hubiera gustado que profundizara más a la hora de tratar todo lo relacionado con la fisiología digestiva. Me ha gustado que el final de la primera parte del libro lo dedique a hablar de las alergias e intolerancias alimentarias, ya que cada vez aumentan más. Es interesante recordar que la mayor parte de las enfermedades autoinmunes, aunque no se manifiesten con sintomatología digestiva, se acompañan de una permeabilidad intestinal aumentada (“leaky gut syndrome”), hecho que obliga a que tengamos siempre presente nuestro intestino. Comparto el punto de vista de la autora que el intestino ha sido durante muchos años el órgano más infravalorado del cuerpo humano. Cuanto más leo, más me doy cuenta que no podemos olvidar todo lo que sucede en el intestino cuando tratamos con la nutrición las llamadas enfermedades de la civilización, que incluyen las enfermedades cardiovasculares, el síndrome metabólico y ciertas enfermedades autoinmunes.

En la segunda parte del libro, se aborda la fascinante relación entre el cerebro y el intestino (eje intestino-cerebro). Se considera que el intestino es nuestro segundo cerebro y más allá de participar en el transporte, digestión y absorción de los nutrientes, está implicado en nuestro estado de ánimo y gestión de las emociones. La relación entre el intestino y el cerebro ocurre en ambos sentidos. Dos ejemplos: cuando tenemos mucha hambre estamos de un humor de perros y cuando estamos enamorados tenemos mariposas en el estómago. Las últimas investigaciones han puesto de manifiesto que nuestro “Yo” está formado por la cabeza y el intestino. Una línea muy interesante de investigación está estudiando cómo el empleo de determinadas bacterias probióticas puede ser útil para modificar el comportamiento y el estrés y los resultados obtenidos son prometedores. La relación entre neuronas e intestino es más evidente en algunas enfermedades, como el colon irritable o la enfermedad inflamatoria intestinal. Las personas que las padecen tienen un riesgo incrementado de padecer depresión o estrés. La autora hace la reflexión que la frase famosa de René Descartes “Pienso, luego existo” debería ser completada un poco por “Siento, luego pienso, luego existo”; lo comparto plenamente. En esta parte del libro también se explica el origen de las afecciones gastrointestinales más habituales en nuestro medio, como el reflujo gastroesofágico, el vómito y el estreñimiento, y se dan consejos prácticos para combatirlos, aunque algunos de ellos carecen de evidencia científica, como el uso de la acupuntura en un punto situado por debajo de la muñeca para tratar los ataques de vómito.

Finalmente, la última parte del libro explica la importancia para nuestra salud del maravilloso ecosistema formado por nuestra microbiota. Nuestros pequeños inquilinos y compañeros de viaje con los que llevamos conviviendo millones de años nos ayudan a adaptarnos a los cambios del entorno. Teniendo en cuenta que hasta un 99% de todos los microbios que habitan en nuestro cuerpo se encuentran en el intestino, este es un motivo de peso para ser más conscientes de todo lo que comemos. En el libro se trata desde el papel de las bacterias intestinales a la hora de determinar nuestro grupo sanguíneo hasta su influencia en el sistema inmunitario y en las enfermedades crónicas o no transmisibles. Desde mi punto de vista, el libro debería haber profundizado más sobre la microbiota, ya que he echado de menos algunos avances que se han hecho en la última década en este campo generados a partir del Proyecto MetaHIT financiado por la Unión Europea y el Human Microbiome Project (HMP) subvencionado por el National Institute of Health de los Estados Unidos. También se trata cómo se va desarrollando la microbiota y cómo nuestro estilo de vida y sobre todo la alimentación -con especial hincapié en los probióticos y prebióticos- afectan la vida de nuestros colegas más allá de la infancia. En el libro aparece un concepto erróneo que es el de que nacemos estériles. Siempre se había creído que el intestino era estéril en el momento de nacer, pero varios estudios del 2013 han puesto de manifiesto que hay un traspaso de bacterias entre la madre e hijo durante el embarazo. Por lo tanto, la salud de la madre durante la gestación es fundamental para la programación de la microbiota del bebé, campo que tengo el placer de explorar en mi tesis doctoral y que sin duda dará mucho de qué hablar en los próximos años.

Ya para concluir, el libro “La digestión es la cuestión” explica de forma clara, amena y divertida cómo funciona nuestro intestino y su estrecha relación con nuestros pensamientos y emociones y la microbiota, aunque desde mi punto de vista simplifica demasiado algunos aspectos, especialmente lo que tiene que ver con los mecanismos que hay detrás de las explicaciones que se dan. Si eres una persona inquieta y curiosa por todo aquello que tiene que ver con nuestro intestino corres el riesgo de quedarte con ganas de saber más, que es lo que me ha pasado a mí después de terminar el libro.

Andreu Prados
Farmacéutico y Dietista-Nutricionista

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