¿En qué nos pueden echar una mano nuestros pequeños inquilinos?

El tubo digestivo y la microbiota intestinal son estrechamente dependientes el uno del otro y cada vez hay más evidencias que sugieren que su equilibrio condiciona nuestra harmonía como individuos dentro del entorno que nos rodea. Fue Louis Pasteur (1822-1895) el primero que predijo que la vida no sería posible en ausencia de los “microbios comunes” (término con el que hacía referencia a los microbios no patógenos).

Durante mucho tiempo hemos considerado a nuestros compañeros de viaje como unos agentes invasores indeseables, que nuestro sistema inmune debía mantener a raya para poder tener un buen estado de salud. Especialmente en las dos últimas décadas, diferentes estudios han afirmado que las dos funciones principales del tubo digestivo, nutrición y defensa, dependen no solo de las estructuras propias sino también de la presencia y actividad de las comunidades microbianas que colonizan el intestino. La microbiota intestinal participa tan activamente en el funcionamiento de nuestro cuerpo que se la considera un órgano más; de hecho, se la considera el órgano oculto.

Para estudiar hasta qué punto nuestros colonizadores microbianos son importantes, se criaron animales en condiciones de asepsia total (libres de gérmenes o germ-free). En estos animales, el peso corporal y el de los órganos vitales (corazón, hígado, pulmones) es menor que en los controles criados de modo convencional (en contacto con bacterias pero sin patógenos). No obstante, los animales libres de gérmenes necesitan comer más pero crecen menos. Esto indica claramente que la presencia de bacterias es importante para los procesos de asimilación de los nutrientes y también para el crecimiento y desarrollo corporal completo. Por otro lado, los animales libres de gérmenes son muy susceptibles a infecciones, lo que significa que la microbiota es necesaria para que el sistema inmune se desarrolle con normalidad.

Se han identificado tres funciones principales de la microbiota intestinal:

Funciones de nutrición y metabolismo: la principal función metabólica de la microbiota es la fermentación de componentes de la dieta que no han sido digeridos (como la fibra y algunas proteínas). La microbiota facilita la degradación de algunos nutrientes de la dieta y los transforma en sustancias que podemos absorber más fácilmente (ayuda a asimilar los nutrientes). Por ejemplo, la microbiota intestinal es capaz de transformar determinados azúcares, como la lactosa, en componentes más pequeños (ácido láctico) que son fácilmente captados por nuestro intestino. Además, como producto final de la fermentación de los sustratos no digeribles se producen ácidos grasos de cadena corta (ácido acético, propiónico y butírico). Por ejemplo, el butirato es un componente nuevo fabricado gracias a la microbiota que es aprovechado por las células del intestino para obtener energía y crecer. A nivel de curiosidad, se ha visto que el acetato y el propionato podrían tener un papel como moduladores del metabolismo de los carbohidratos, dando lugar a menores picos de glucosa en sangre. Esto explica en parte que aquellos alimentos con elevada proporción de carbohidratos no digeribles, como la fibra (que es parte de las frutas, hortalizas, legumbres y cereales integrales) tienen índices glucémicos más bajos.

Otras funciones metabólicas de la microbiota son la síntesis de ciertos aminoácidos y vitaminas (como la vitamina K, biotina, ácido fólico, vitamina B12 y ácido pantoténico) -se desconoce el grado en que estas vitaminas son asimiladas por el huésped- y efectos favorables sobre la absorción de ciertos minerales como calcio, hierro y magnesio.

Función protectora: las bacterias autóctonas forman una auténtica barrera y “mantienen a raya” a otros microbios indeseables, impidiendo que microorganismos patógenos colonicen nuestro organismo (efecto barrera). Este efecto la microbiota lo consigue a través de tres mecanismos: 1) Competir con los patógenos por los lugares de adhesión en el intestino y por los nutrientes que llegan al intestino; 2) Crear un ambiente ácido que es perjudicial para el crecimiento de otras bacterias. Por ejemplo, la bacteria Lactobacillus muy frecuente en la vagina, puede fermentar azúcares y producir ácido láctico que reduce el pH e inhibe a otros microorganismos patógenos, y 3) Producir sustancias tóxicas para otros microorganismos. Volviendo a la analogía de las defensas con la ciudad medieval que te expliqué en este post, las mascotas domésticas como el perro o el gato -equivalentes a la microbiota de nuestras mucosas- protegen los hogares de sus dueños y evitan que otros animales ocupen el mismo lugar.

Función estimuladora del sistema inmune: la microbiota contribuye al desarrollo, maduración y mantenimiento de nuestras defensas. Por un lado, la microbiota promueve un desarrollo del sistema inmune durante la infancia y, además, asegura un correcto equilibrio de las defensas en adultos. Fíjate como ya desde pequeños la microbiota ayuda a entrenar nuestro sistema inmune para que sea más efectivo en la edad adulta. En el pasado se pensaba que nuestro sistema inmune se desarrollaba gracias al contacto con microorganismos patógenos. Sin embargo, actualmente se sabe que la colonización intestinal permanente por bacterias comensales, no necesariamente patógenas, es un factor esencial en el correcto funcionamiento del sistema inmune.

Además, se ha visto que la colonización microbiana es crítica para otros aspectos tan diversos como el crecimiento, el equilibrio del sistema endocrino, la maduración del sistema nervioso central e incluso, el comportamiento. No obstante, aún queda mucho para desvelar relaciones causa-efecto entre la actividad de la microbiota y determinados trastornos de salud.

Igual que el personal de un hotel, la microbiota es aquella gran desconocida que vive con nosotros sin detectar su presencia. Si piensas en un hotel, hay una serie de funciones (limpieza de las habitaciones, preparación de la comida, etc.) que realizan unas personas que nosotros no vemos. Esto es lo mismo que pasa en nuestro organismo, que vemos los resultados de la presencia de la microbiota pero no sabemos todos los componentes que están funcionando.

En definitiva, la microbiota nos ayuda a aprovechar los nutrientes de los alimentos, nos protege de los agentes patógenos y refuerza nuestras defensas. El equilibrio entre las comunidades microbianas que conforman la microbiota es de vital importancia para nuestra salud. No lo olvides: ¡nuestra salud depende de nuestras bacterias!

Andreu Prados
Farmacéutico y Dietista-Nutricionista

Bibliografía:

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