Es hora de tomarnos en serio que somos líderes mundiales en obesidad infantil

Las cifras de obesidad en España en la etapa infantojuvenil son alarmantes. Según la última Encuesta Nacional de Salud, un 29% de niños y un 26,5% de niñas de 2 a 17 años presentan exceso de peso. Dicho de otra forma, de cada diez niños españoles, uno es obeso y dos padecen sobrepeso. Además, uno de cada 3 adolescentes tiene exceso de peso.

La obesidad en la infancia y adolescencia puede conllevar, más allá de un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, una mayor frecuencia de trastorno por déficit de atención con hiperactividad, trastornos de la conducta, depresión, problemas de aprendizaje, retraso en el desarrollo, problemas de articulaciones, dolor de cabeza, asma, trastornos alérgicos e infecciosos, como la otitis. Estas alteraciones pueden repercutir en la calidad de vida e incluso en la longevidad. Las personas con exceso de peso tienen su sistema inmunológico deteriorado y en base a este hallazgo en el grupo de investigación en Inmunonutrición llevamos a cabo estudios en humanos para estudiar las relaciones entre las defensas de las personas y su alimentación, nutrición y estilo de vida en toda su extensión.

En este contexto con un amplio margen de mejora, prevenir el exceso de peso en la infancia y adolescencia es actualmente una prioridad de salud pública, tal y como reconoce la entidad de referencia en pediatría en Europa, la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN, en sus siglas en inglés).

Los cambios en la alimentación y en el estilo de vida han propiciado parcialmente el aumento de la obesidad, que es una de las principales patologías relacionadas con una alimentación desequilibrada. Digo “parcialmente” porque además también están implicados otros factores como el entorno social incluyendo la influencia de la industria alimentaria. Además, la genética tampoco es la explicación definitiva. La Profesora Marion Nestle, experta mundial en nutrición, atribuye las grandes cifras de obesidad actuales a la industria alimentaria y sus malas prácticas que se derivan de las relaciones de esta con las administraciones públicas. Además, la Dra. Margaret Chan, actual Directora General de la Organización Mundial de la Salud (inició su mandato en 2012 y se prevé dure hasta 2017), se muestra contraria a culpar a la población infantil o a su estilo de vida de la obesidad que les afecta. Según la Dra. Chan, la obesidad infantil surge de ambientes creados por la sociedad y con el apoyo de las políticas gubernamentales. Y es que algo estamos haciendo mal, cuando en los últimos 20 años las cifras de exceso de peso infantil en España se resisten a bajar, a pesar de nuestros esfuerzos y de la infinidad de campañas y programas sanitarios (PAOS, NAOS, PERSEO, HAVISA, etc.). En mi opinión, hasta que las administraciones e iniciativas públicas no se tomen más en serio el problema dejando al margen los grandes intereses de las industrias de alimentos insanos (ricos en grasas saturadas, grasas trans, azúcares libres o sal), no conseguiremos avanzar con este tema. Yo no soy de los que piensa que la Nutrición o la Dietética debe ser sin patrocinadores, sino que todo depende del tipo de patrocinio. Por ejemplo, no tengo nada en contra que empresas de frutas o de hortalizas se anuncien asiduamente en los medios de comunicación. Lo que sí me preocupa es que en España, los alimentos y las bebidas que más se promocionan se caracterizan por un perfil nutricional poco saludable.

El pasado lunes 22 de junio de 2015 se celebró en Hong Kong la tercera reunión de la comisión para acabar con la obesidad infantil, en la que durante la apertura la Dra. Margaret Chan dejó claro que la industria alimentaria de productos azucarados y ultraprocesados no debe tener ni voz ni foto en la formulación de las políticas de salud pública. Esto es debido, según la Dra. Chan, a que ambas áreas son propensas a conflictos de intereses. Como solución propone el establecimiento y compromiso transparente constructivo por parte del sector privado y de políticas de apoyo a la producción de alimentos más saludables. También afirma que para tener éxito en la lucha contra la obesidad infantil, los esfuerzos deben ir encaminados a medidas que aumenten el precio de los productos no saludables. ¡Chapeou por sus palabras que comparto plenamente!

Está claro que tanto las administraciones como la industria alimentaria deben ponerse las pilas para hacer las cosas bien. Ante toda esta situación, ¿qué granito de arena podemos aportar nosotros en nuestros respectivos roles en el día a día? Considero que el escenario actual de la alimentación infantil se mueve en los entornos del marco familiar, la escuela y la calle. En esta matriz, conviene considerar que en el desarrollo del sobrepeso y obesidad infantil, ejerce una gran influencia la publicidad y el marketing de alimentos y bebidas con baja calidad nutricional.

Teniendo en cuenta estos entornos que influyen en la adquisición de hábitos alimentarios y de estilo de vida saludables del niño, te propongo los siguientes consejos:

  • Tener una amplia oferta de alimentos saludables a la vista, que incluyen legumbres, frutos secos, hortalizas, frutas y cereales integrales (pan integral, pasta integral, arroz integral, etc.). El agua se debe priorizar como bebida de elección. Conviene limitar el consumo de carnes rojas o derivados cárnicos y la disponibilidad de alimentos calóricos o superfluos en el hogar (azúcar, bollería y bebidas azucaradas) y cuantos menos envasados, mejor.
  • Mimar la microbiota intestinal, a través de potenciar el consumo de alimentos ricos en fibra soluble (verdura fresca, fruta, tubérculos…) y probióticos. Se ha visto que las personas con obesidad tienen una microbiota intestinal menos diversa.
  • Promocionar un estilo de vida más activo que sedentario:
    • Hacer como mínimo 1 hora de actividad física de intensidad moderada-vigorosa cada día.
    • Limitar y pactar el tiempo que los niños dedican a ver televisión, jugar a videojuegos o a navegar por Internet (un máximo de 2 horas diarias).
  • Comer en familia lo más a menudo posible.
  • Menos sermones y más buenos modelos de conducta: repetición de patrones saludables, tanto los relacionados con la alimentación como los que tienen que ver con el estilo de vida (no fumar, promover el ejercicio físico y evitar el sedentarismo). Varios estudios muestran que tratar a los padres de niños con sobrepeso es el enfoque que mejores resultados da; educando a los padres, el niño puede llegar a regularizar su peso sin intervenir sobre él.
  • Evitar la utilización de platos grandes.
  • Dormir diariamente de 8 a 10 horas (en función de la edad).

En definitiva, tanto la prevención como el tratamiento de la obesidad infantojuvenil implican la adquisición de hábitos saludables de alimentación y de ejercicio físico, pero también se requiere el apoyo del gobierno y de las instituciones para poder implementar muchos de los cambios requeridos. Llevamos las dos últimas décadas “estancados” en unas altas cifras de obesidad infantil y solo basar el éxito de las intervenciones en la responsabilidad individual de cada persona ya no es suficiente.

Andreu Prados
Farmacéutico y Dietista-Nutricionista

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