Edulcorantes artificiales: ni saludables, ni inocuos

Los edulcorantes artificiales acalóricos o bajos en calorías (en inglés non-caloric artificial sweeteners, NAS) son un tipo de aditivos que tienen un poder endulzante muy superior al del azúcar y se usan ampliamente en la industria alimentaria para conseguir un sabor dulce sin aportar calorías extra a nuestra dieta (por ejemplo, la sacarina tiene un poder endulzante de 300 a 500 veces mayor que el del azúcar). Me estoy refiriendo a la sacarina (aditivo E-954), el ciclamato (aditivo E-952), el acesulfamo k o potásico (aditivo E-950), el aspartamo (aditivo E-951), la sucralosa (aditivo E-955) y la famosa stevia (aditivo E-960; en los preparados de stevia comercializados no tomamos la planta directamente, sino que tomamos un componente que se extrae de la planta -el rebaudósido A- mezclado con otras sustancias). Todos estos edulcorantes están autorizados por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas en inglés) para el consumo humano en la Unión Europea. Para autorizarlos la EFSA se basa en la Ingesta Diaria Admisible (IDA), que es una estimación de la cantidad de un aditivo alimentario autorizado que puede consumirse diariamente durante toda la vida sin que ocasione problemas de salud. De forma que dentro de los márgenes contemplados en la IDA, el uso de estos edulcorantes se considera seguro. Si te apetece consultar toda la información disponible de estos aditivos alimentarios visita este enlace.

Clasificación de los edulcorantes.

Como un mayor consumo de alimentos ricos en azúcar, entre ellos las bebidas azucaradas, se ha asociado a un mayor riesgo de padecer enfermedades coronarias, parece ser que sustituirlos por sus versiones light o cero con edulcorantes acalóricos es una opción sensata. ¿Pero hasta qué punto la recomendación de optar por los alimentos o bebidas con edulcorantes (sin azúcar) antes que por sus versiones azucaradas es saludable a pesar de ser seguro desde el punto de vista toxicológico?

Aunque los edulcorantes acalóricos son seguros y se diseñan para que no tengan ningún efecto sobre nuestro metabolismo una vez los ingerimos, en los últimos dos años se ha demostrado que pueden tener un impacto no deseable sobre nuestra salud que está mediado por cambios en la microbiota intestinal. Algunas bacterias de nuestra microbiota intestinal pueden degradar los edulcorantes acalóricos dando lugar a sustancias potencialmente tóxicas a dosis altas. El ejemplo clásico es el ciclamato, que se demostró el año 1972 que las bacterias intestinales pueden transformar en ciclohexilamina, un compuesto que puede favorecer el desarrollo de tumores de vejiga en animales (revisión). También se ha demostrado en ratones que el consumo de sacarina, aspartamo y sucralosa empeora la resistencia a la insulina y a la larga puede favorecer el sobrepeso. Como estos edulcorantes no se absorben, llegan íntegros al intestino grueso y allí generan cambios en la composición y funciones metabólicas de la microbiota intestinal, parecidos a los que se observan en personas con diabetes tipo 2. En un estudio preliminar en humanos, los mismos autores estudiaron en una pequeña muestra de 7 participantes que previamente no consumían sacarina los cambios metabólicos y en la microbiota observados tras administrar por vía oral el límite máximo permitido de sacarina (5 mg/kg/día). 4 personas (respondedores) mostraron una curva de glucosa alterada al final de la semana y un cambio en la composición de su microbiota fecal. Mientras que las 3 personas restantes (no respondedores) no sufrieron cambios en el test de sobrecarga oral de glucosa ni cambios en la microbiota fecal. La sacarina solo afectó a un subgrupo de personas en el estudio y esto puede explicar que estudios a gran escala no hayan encontrado una relación entre el consumo de edulcorantes artificiales y la diabetes. En otro estudio, el uso de edulcorantes acalóricos como el aspartamo durante la realización de una dieta hipocalórica para el control del peso se asoció con una alteración del funcionamiento óptimo de la microbiota intestinal. El xilitol, un polialcohol que se utiliza como edulcorante, tampoco está exento de efectos sobre la microbiota (estudio) pero parece tener un efecto prebiótico (alimento para las bacterias intestinales beneficiosas) aumentando las bifidobacterias (estudio).

Aunque algunos abogan por defender que los efectos de ciertos edulcorantes artificiales sobre la microbiota intestinal no son motivo de alarma general (post, post), cada vez aparece más evidencia científica que apoya el impacto negativo de los edulcorantes artificiales acalóricos sobre la microbiota intestinal y nuestra salud metabólica (revisión). En relación a la stevia que está de moda, no hay ningún estudio hasta la fecha que haya demostrado que sus componentes (rebaudiósido A) influyan significativamente en la composición de la microbiota intestinal. Esto no justifica ni mucho menos su uso indiscriminado, porque recuerda que es igual de artificial que la sacarina y los demás edulcorantes artificiales.

Aunque estos datos no nos permiten establecer una relación causa-efecto entre el consumo de sacarina y los desórdenes metabólicos, tal y como indica una revisión reciente: los edulcorantes artificiales ni son saludables ni inocuos debido a sus efectos metabólicos. En relación al papel de los edulcorantes en el desarrollo del cáncer, la relación no está clara: ni parecen ser inocuos ni se pueden considerar un factor de riesgo (revisión). Por otro lado, un estudio reciente demostró que los edulcorantes pasan a la leche materna, lo que plantea que se deberían hacer más estudios de seguimiento en el tiempo para determinar hasta que punto la ingesta de estos edulcorantes por parte de los lactantes puede tener riesgos sobre su salud a largo plazo.

En definitiva, mi recomendación general es que limites al máximo el consumo de edulcorantes artificiales e intentes recuperar paulatinamente la sensibilidad al sabor de la comida real. Digo paulatinamente porque parece ser que los edulcorantes artificiales pueden estar implicados en los mismos circuitos cerebrales responsables de la adicción al azúcar, de manera que para eliminarlos completamente de nuestra alimentación vamos a necesitar un cierto tiempo.

Andreu Prados
Farmacéutico y dietista-nutricionista

Imagen de la portada: Flickr.

Bibliografía:

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