¿Qué tienen en común los antibióticos, los lavaplatos y los colchones?

Vivimos demasiado obsesionados con la limpieza y lo cierto es que se ha visto que nuestro miedo a las bacterias y los parásitos nos está causando muchos problemas. En Europa y Estados Unidos ha disminuido la incidencia de enfermedades infecciosas (sarampión, paperas, hepatitis A, tuberculosis…) (A), a la vez que han aumentado de manera desenfrenada las enfermedades que afectan al sistema inmunitario (que ahora estamos llamando enfermedades crónicas no transmisibles). Puedes ver en la Figura 1 como en la segunda mitad del siglo XX se disparan las alergias y las enfermedades autoinmunes (B). Paradójicamente y a nivel anecdótico, una enfermedad autoinmune como la enfermedad de Crohn se ha empezado a tratar experimentalmente con infecciones (causadas por gusanos intestinales), con cierto éxito.

Durante nuestra evolución, al eliminar las bacterias indeseables que causaban las enfermedades infecciosas, también hemos liquidado otras bacterias que ancestralmente estaban con nosotros y que necesitamos. Hemos generado otro tipo de bacterias que son resistentes a los antibióticos que tenemos. Es decir, en 50 años hemos cambiado el entorno microbiológico que tenía el ser humano desde sus 100.000 años de existencia.

Figura 1. Al curar las enfermedades infecciosas hemos propiciado las alergias y las enfermedades autoinmunes.

Hemos perdido diversidad bacteriana y debemos recuperarla. Como principales desencadenantes se encuentran el uso excesivo de antibióticos y el exceso de higiene a través del uso de jabones y detergentes antibacterianos. En un estudio curioso publicado el pasado mes de marzo en la revista Pediatrics, investigadores del Hospital Infantil Queen Silvia de Gotemburgo (Suecia) observaron que en las casas donde hay lavaplatos el riesgo de que los niños sufran alergias (definidas como eczema, asma o rinoconjuntivitis alérgica) es mayor. La clave está en la temperatura del agua. El lavavajillas acaba con prácticamente todas las bacterias de los platos y cubiertos, bien por los 60-80ºC de temperatura media que alcanza en ellos el agua, por la acción del detergente empleado, o por el efecto de arrastre. Mientras que al lavar los platos con jabón y agua fría-templada lo que hacemos es desprender a las bacterias de nuestra piel, pero no las matamos. Con lo cual el lavavajillas contribuye a eliminar las bacterias buenas para la diversidad microbiana. Aunque es un estudio observacional y tiene sus limitaciones que no nos permiten establecer una clara relación causa-efecto, sus resultados nos deberían abrir los ojos al hecho que exponer a los niños desde bien pequeños a los estímulos inmunológicos de la naturaleza y evitar unas condiciones excesivas de higiene podrían ser factores que les protegerían de las alergias en la edad adulta.

En otro estudio, realizado en niños que padecían diferentes tipos de alergia, se observó que hay una relación inversamente proporcional entre la prevalencia de rinitis alérgica (hay fever) y la cantidad de suciedad (medida por la cantidad de endotoxina por cada metro cuadrado de colchón) que se encuentra en su colchón. Los niños que en su colchón tienen más suciedad, tienen muy poca prevalencia de rinitis alérgica (A), de síntomas de rinitis alérgica (B) y de sensibilización a distintos alérgenos (C). Es decir, cuanto más sucio está el colchón donde duerme este niño, menos alergia tiene.

Figura 2. Relación inversa entre la prevalencia de rinitis alérgica (A), de síntomas de rinitis alérgica (B) y de sensibilización a distintos alérgenos (C) y la cantidad de suciedad que se encuentra en el colchón.

El uso excesivo de los antibióticos, los lavaplatos y los colchones tienen en común que son tres contextos en los que se ha estudiado que cuando nuestro sistema inmunológico no recibe los estímulos adecuados por parte de los microbios y parásitos, posteriormente tendrá más papeletas de reaccionar de manera exagerada frente a sustancias inocuas. De forma que determinadas infecciones y el contacto temprano con diferentes bacterias del suelo y los animales son vitales para que nuestras defensas se desarrollen correctamente.

Durante los primeros años de vida es cuando se moldea nuestro sistema inmunológico, determinando nuestra salud futura. A modo de conclusión, a continuación te dejo algunas recomendaciones para prevenir las “nuevas” enfermedades que afectan al sistema inmunitario.

Si eres padre o madre y tienes un bebé pequeño:

  • Defiende el parto natural siempre que se pueda, ya que expone al bebé a las bacterias de su madre que son las más adecuadas.
  • La lactancia materna hasta que la madre y el niño/a quieran es el mejor seguro de salud, ya que incluye bacterias beneficiosas para el bebé.
  • Lleva a tu niño/a a la guardería y nuevos entornos, para que pueda experimentar. Deja que se ensucie y juegue con las mascotas, y respeta su instinto de llevarse las cosas a la boca (obviamente con cuidado) para educar su sistema inmunológico.

Si eres adulto/a y/o tienes hijos/as en la etapa infantojuvenil:

  • Usa los antibióticos de forma responsable, solo cuando sean necesarios y bajo prescripción médica. Cuando tengas que usar antibióticos, toma probióticos antes, durante y después del tratamiento para que tu microbiota intestinal no se desequilibre. Recuerda que los antibióticos eliminan los patógenos y también un buen número de bacterias amigas para nuestro organismo.
  • Cuida tus bacterias a través de seguir una alimentación basada en alimentos de origen vegetal y productos fermentados como el yogur y el kéfir. Recuerda que nuestras defensas están principalmente en el intestino.
  • Escápate al bosque, al campo u otro medio rural en contacto con la naturaleza de vez en cuando.
  • Limpia el hogar y tus entornos donde convives tanto como sea necesario, pero sin pasarte.  
Andreu Prados
Farmacéutico y Dietista-Nutricionista

Bibliografía:

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