¿Sirve la dieta baja en FODMAPs para los trastornos digestivos funcionales?

Los trastornos digestivos funcionales abarcan un conjunto de dolencias crónicas, caracterizadas por la presencia de dolor abdominal, flatulencia, distensión e hinchazón abdominal y cambios en el ritmo intestinal en ausencia de alteraciones orgánicas que los justifiquen. Incluyen el síndrome de intestino irritable (SII), estreñimiento funcional, diarrea funcional, trastorno funcional intestinal inespecífico y estreñimiento inducido por opioides.

Como desencadenantes de los síntomas gastrointestinales funcionales se han propuesto: la sensibilidad al gluten y/o otras proteínas del trigo, las intolerancias alimentarias, la alteración en el metabolismo de los ácidos biliares, los desequilibrios en la microbiota intestinal y en la comunicación intestino-cerebro y las infecciones, entre otros.

A día de hoy no existe ningún tratamiento definitivo para estos trastornos y los que se utilizan tienen el objetivo de prevenir las crisis sintomáticas. Con los pacientes que sufren este tipo de dolencia se suelen hacer intervenciones farmacológicas, psicológicas y dietéticas. Los fármacos no son totalmente efectivos y en muchos casos conllevan efectos secundarios, de forma que cada vez más tanto los profesionales de la salud como los pacientes están buscando nuevas alternativas efectivas.

Manejo dietético de los síntomas digestivos funcionales

El manejo dietético de los trastornos intestinales funcionales mediante la dieta baja en FODMAPs y el empleo de probióticos son los dos pilares que actualmente disponen de más respaldo científico.

En el post de hoy voy a responder si la dieta baja en FODMAPs es efectiva para mejorar la sintomatología digestiva de los pacientes con trastornos intestinales funcionales y dejo para la semana que viene la efectividad de los probióticos.

La “hipótesis FODMAP” (proviene de las palabras inglesas Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharide And Polyols, que en castellano corresponden a Oligosacáridos Fermentables, Disacáridos, Monosacáridos y Polioles) fue propuesta por primera vez por los investigadores Gibson y Shepherd en el año 2005. Se basa en que la ingesta excesiva de los carbohidratos de cadena corta FODMAPs poco absorbibles conduce a una mayor retención de líquido en el intestino y mayor producción de gas porque son rápidamente fermentados en el último tramo del intestino delgado y en el primer tramo del colon. En el intestino delgado, esto dará lugar a un sobrecrecimiento bacteriano con un aumento secundario de la permeabilidad intestinal. Mientras que en el colon, la fermentación de los FODMAPs dará lugar a una distensión abdominal que dificultará la función barrera intestinal y puede contribuir a explicar parte de los síntomas extraintestinales.

Fuente: Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology.

Alimentos con un alto contenido en carbohidratos FODMAPs

Los FODMAPs se encuentran, sobre todo, en cereales, frutas, hortalizas, legumbres y en algunos productos lácteos en forma de oligosacáridos (fructanos o fructo-oligosacáridos (FOS), inulina y galactanos o galacto-oligosacáridos (GOS)), disacáridos (lactosa), monosacáridos (fructosa) y polioles (sorbitol, manitol, xilitol, maltitol, entre otros).

A nivel práctico, los alimentos con un alto contenido en carbohidratos FODMAPs que se excluyen son:

  • Trigo, centeno, cebada y algunas verduras (como la cebolla y el ajo) y frutas (como la manzana, la pera y los melocotones) (por su contenido en fructanos o fructo-oligosacáridos).
  • Legumbres (por su contenido en galactanos o galacto-oligosacáridos).
  • Leche, yogures, algunos quesos, nata y helados (por su contenido en lactosa).
  • Miel, determinadas verduras y frutas y algunos vinos y licores (por su mayor contenido de fructosa que de glucosa).
  • Frutas de hueso, setas, champiñones y algunos edulcorantes (por su contenido en polioles).

Stepherd y Gibson desarrollaron un plan de alimentación bajo en FODMAPs denominado The Monash University low FODMAP Diet. En su página web puedes encontrar infografías, tablas y vídeos que te ayudarán como profesional de la salud o como paciente a familiarizarte con la dieta baja en FODMAPs.

La Escuela Médica de la Universidad de Harvard también ha hecho su propia clasificación de los alimentos en dos grandes grupos en función de si son alimentos de bajo consumo o de alto consumo para aliviar los síntomas digestivos funcionales del síndrome del intestino irritable.

Ten en cuenta también que las técnicas de cocción afectan al contenido en FODMAPs de los alimentos. Los FODMAPs son solubles en agua, de forma que si preparas un caldo o sopa con cebolla, puerro o ajo y los sacas antes de consumir el caldo no servirá porque los FODMAPs habrán pasado al agua de cocción. Sin embargo, es una buena idea cocinar la cebolla o el ajo en un sofrito con aceite y sacarlos antes de añadir los demás ingredientes. De esta forma se mantendrá el aroma y el plato resultante tendrá un bajo contenido en FODMAPs. Como substitutos a la cebolla y al ajo para aromatizar los platos hay el jengibre, las especias, el limón y el jugo de lima.

Para conocer la frecuencia de consumo de los carbohidratos FODMAPs en la población, se han desarrollado y validado cuestionarios de frecuencia de consumo alimentario que incluyen el registro de alimentos con contenido de FODMAPs (estudio; estudio).

Si quieres profundizar sobre los alimentos con un bajo y un alto contenido de FODMAPs y los puntos de corte para considerar una dieta baja en FODMAPs te recomiendo esta revisión.

Evidencia científica de la dieta baja en FODMAPs

Varios ensayos clínicos han demostrado que las personas con SII, el principal tipo de trastorno intestinal funcional, presentan una mejora de los síntomas abdominales después de seguir durante 2 semanas (estudio), 3 semanas (estudio) y 14 meses (estudio) una dieta baja en FODMAPs. Incluso en niños de 7-17 años con SII, una dieta baja en FODMAPs ha mejorado los síntomas gastrointestinales (estudio).

Una reciente revisión sistemática y meta-análisis, que incluye 6 ensayos clínicos aleatorizados y 16 intervenciones no aleatorizadas, apoya la eficacia de la dieta baja en FODMAPs en el tratamiento de los síntomas gastrointestinales funcionales. Los estudios analizados incluyen a población de entre 7-74 años y la intervención duró desde 2 días hasta 17 meses.

Conviene tener en cuenta que la dieta baja en FODMAPs no está libre de efectos secundarios. Una reciente revisión enfatiza que este tipo de dieta puede dar lugar a alteraciones en la ingesta de nutrientes (carbohidratos y calcio), desequilibros en la microbiota intestinal e impedimentos en la calidad de vida de las personas. Es por ello importante que un profesional de la salud como el dietista-nutricionista acompañe a la persona que sigue la dieta baja en FODMAPs, para así mejorar su adherencia y evitar situaciones de malnutrición.

En conclusión, la dieta baja en FODMAPs es una opción efectiva para mejorar la sintomatología digestiva de los pacientes con trastornos funcionales intestinales (no para población asintomática). Llevar a cabo estudios más a largo plazo permitirá observar la adherencia a este tipo de dieta y elucidar sus potenciales efectos secundarios.

Cover image by Flickr.com – Sant Vinus.

 

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