Inflamación: ¿amiga o enemiga?

La inflamación es un eficaz sistema de vigilancia que ante la presencia de un estímulo agresor envía refuerzos (células y moléculas) a través de la sangre para restaurar la estructura y función del tejido afectado. Como ejemplos de agentes agresores están los irritantes químicos, el calor o frío extremos, los golpes, las heridas y las infecciones. La inflamación es la reacción local inicial de nuestro sistema inmune innato y se trata de una respuesta saludable cuando está limitada en el tiempo (inflamación aguda). Durante este proceso, los capilares que irrigan la zona agredida se dilatan y aumentan su permeabilidad y adhesividad. Los tejidos inflamados se enrojecen, se hinchan, se calientan y duelen porque llegan más moléculas y células desde la sangre para echar una mano. Gracias al aumento del suministro de sangre al lugar de la inflamación y a una mayor permeabilidad de la pared vascular, los glóbulos blancos o leucocitos (especialmente los granulocitos) y varias moléculas de defensa migran desde el torrente sanguíneo al lugar de la inflamación. Los leucocitos liberan entonces un cóctel de sustancias, que son las responsables de los signos visibles de la inflamación: calor, rubor (enrojecimiento), hinchazón (edema), dolor y en algunos casos pérdida de función. ¡Durante esta fase de la inflamación, las proteínas mediadoras pueden aumentar hasta 1.000 veces su concentración! Las primeras descripciones de la inflamación se remontan a 3.500 años, cuando el médico romano Cornelius Celsus describió por primera vez los signos cardinales de la inflamación.

Respuesta inflamatoria aguda ante un trauma o una infección.
Imagen modificada a partir de: University of Illinois at Chicago.

Cinco griegos representando los signos cardinales de la inflamación.

Al final, si todo sale bien y con la ayuda de los macrófagos y otras células inmunitarias, la inflamación se resuelve con la reparación del tejido afectado. Mediadores especializados en resolver la inflamación actúan como reguladores endógenos de la infección y la inflamación.

 
Los signos cardinales de la inflamación y su resolución.

Sin embargo, cuando el proceso inflamatorio agudo no se resuelve y deja de ser temporal y localizado, pasando a ser una condición crónica o permanente, puede contribuir al desarrollo de muchos síndromes y enfermedades actuales, tales como la anemia, la sarcopenia, la osteopenia, la aterosclerosis (estudio), la diabetes tipo 1 y 2 (revisión; revisión), la resistencia a la insulina, el cáncer (revisión), la celiaquía (estudio) y varios tipos de enfermedades neurológicas (revisión) y autoinmunes como el lupus eritematoso, la artritis reumatoide, la enfermedad inflamatoria intestinal y el asma (revisión; revisión).

Dentro de la inflamación crónica, se pueden distinguir dos subtipos según una interesante revisión publicada en 2013 y liderada por el Dr. Philip Calder, profesor de Inmunología Nutricional de la Universidad de Southampton. Por un lado, la inflamación crónica de alto grado que se caracteriza por unas elevadas concentraciones de marcadores inflamatorios y de células inflamatorias activadas en el lugar del daño tisular y en la circulación sistémica. Enfermedades como la artritis reumatoide, las enfermedades inflamatorias intestinales, la dermatitis atópica, la psoriasis y el asma se incluyen dentro de este patrón de inflamación de alto grado. Por otro lado, la inflamación crónica puede ser de bajo grado cuando no se acompaña de manifestaciones clínicas evidentes (subclínica). En este caso, la elevación en las concentraciones de marcadores inflamatorios y de células inflamatorias en la circulación sistémica no es tan pronunciada como en las condiciones de inflamación crónica de alto grado mencionadas antes. La relación obesidad-inflamación de bajo grado se explica por el efecto pro-inflamatorio del tejido adiposo (considerado como un órgano inmunológico) y la inflamación crónica que produce en el organismo, con el consiguiente efecto aterogénico en las arterias. Este hecho pone de manifiesto que sería conveniente evaluar la inflamación en personas con sobrepeso u obesidad, más allá de los otros factores de riesgo cardiovascular clásicos como la hipercolesterolemia, la hipertensión o la resistencia a la insulina, para conocer mejor la realidad de su riesgo cardiovascular. De hecho, la Asociación Americana del Corazón (AHA en sus siglas en inglés, American Heart Association) y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, Centers for Disease Control and Prevention) confirman que los marcadores inflamatorios como la proteína C-reactiva, un marcador sensible de inflamación, son los mejores parámetros que se dispone en la actualidad para la valoración del riesgo cardiovascular (revisión). Además de las personas con sobrepeso, los ancianos también tienen una inflamación crónica de bajo grado debida al propio proceso de envejecer y que contribuye a su fragilidad.

En la siguiente tabla se resumen las características de los tres tipos principales de inflamación:

Características principales de la inflamación aguda, inflamación crónica de alto grado e inflamación crónica de bajo grado.

Estudiar la inflamación es muy útil para valorar cómo está nuestro estado de salud. Recuerda que per se la inflamación es una respuesta beneficiosa y vital para hacer frente a un agente agresor. El problema está cuando la inflamación aguda no se consigue resolver y se hace crónica. La buena noticia es que la inflamación crónica inducida por algún estímulo constante es reversible. Potenciar aquellos factores de nuestro estilo de vida que tengan un efecto beneficioso a través de reducir la inflamación crónica es una estrategia a tener en cuenta para mejorar nuestra calidad de vida. Los parámetros que se pueden medir a través de una analítica de sangre para evaluar la inflamación, así como la modulación de la inflamación a través de la alimentación y de un estilo de vida activo los trataré con detalle en próximos posts. ¡Nos leemos pronto!

Andreu Prados
Farmacéutico y Dietista-Nutricionista

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