¿Quieres saber qué se cuece en emprendimiento científico en Barcelona?

Si estabas esperando el momento perfecto para conocer las últimas novedades del emprendimiento en el sector de las Biociencias en Cataluña, no tienes que esperar más. Ha nacido el primer encuentro para el emprendimiento científico en Barcelona

Los encuentros TEI Bio nacieron en Valencia y después se han expandido a Madrid, Bilbao, Málaga y ahora en Barcelona. Gracias a un equipo fantástico hemos podido implicarnos en la organización del primer encuentro TEI Bio en Barcelona. Y se trata de un proyecto que llevamos gestando desde el pasado III Congreso Nacional de Científicos Emprendedores celebrado en Madrid, en el que tuvimos el placer de desvirtualizar a Manuel Pérez-Alonso, profesor de genética en la Universidad de Valencia, investigador y emprendedor. La verdad es que es una persona fantástica que desde el minuto cero de haberle conocido transmite confianza, compromiso y muchas ganas de llevar a cabo nuevos proyectos.       

Los Encuentros TEI Bio Barcelona son una iniciativa de la Asociación Española de Emprendedores Científico-Tecnológicos (AEEC) con la colaboración del Instituto Empresarial de Biotecnología, la Asociación de Biotecnólogos de Cataluña (ASBTEC) y BioSeed Capital. El primer Encuentro TEI Bio en la terraza del Hotel Gallery de Barcelona del pasado 26 de abril contó con representantes y directivos de diferentes instituciones, empresas y centros de investigación del sector de la Biomedicina y la Biotecnología de Cataluña: BIOCAT, Catalonia Bio, ACCIÓ, Leitat, Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR), Parque Científico de Barcelona, Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS), Institut Català de Nanociència i Nanotecnologia (ICN2), Institut de Recerca Biomèdica de Barcelona (IRB), Bionure, Mind the Byte, Capital Cell, Spherium Biomed, Asociación de Comunicadores de Biotecnología y Galènia Comunicación Médica.            

¿Por qué? Los Encuentros TEI Bio Barcelona surgen con el objetivo de crear una comunidad activa para fortalecer la Transferencia de conocimiento, el Emprendimiento científico y la Inversión en el sector de la Biomedicina y la Biotecnología. Ya a principios del siglo XX, Ivy Ledbetter Lee -considerado uno de los fundadores de la disciplina de las relaciones públicas- comentó que toda empresa debía “hacerlo bien y hacerlo saber”, es decir, comunicar todo lo que hace al resto de la sociedad. Precisamente este es uno de los pilares que nos hemos propuesto en los encuentros TEI Bio Barcelona: crear sinergias profesionales a través de exponer casos de éxito en el sector de la biomedicina para inspirar y avanzar juntos hacia una visión de la ciencia más allá de un laboratorio.       

Inauguraron el evento Xavier Testar, vicepresidente de la AEEC, y Manel Cascalló, CEO de VCN Biosciences SL, empresa spin-off surgida del Grupo de Viroterapia del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) que se dedica al desarrollo de nuevas aproximaciones terapéuticas para tumores que carecen de un tratamiento efectivo. En su intervención, Cascalló habló de los inicios del modelo de negocio de su empresa y mencionó las claves para garantizar el éxito a la hora de emprender un proyecto en biomedicina: tener y transmitir pasión por tu proyecto, identificar qué genera valor en cada etapa del proceso, rodearse de personas que te puedan ayudar, contar con expertos a tiempo parcial y no perder nunca de vista el objetivo estratégico de la empresa.  

Después de la charla-coloquio inicial, tuvo lugar un debate abierto entre los asistentes para hablar de los principales retos a la hora de emprender en biotecnología desde las universidades, centros de investigación y hospitales. Al finalizar el encuentro se sirvió un aperitivo y hubo tiempo para fomentar el networking entre los participantes.

Este primer encuentro TEI Bio en Barcelona pretende dar continuidad a otros encuentros que se organizarán a lo largo del año para impulsar la transferencia, el emprendimiento y la inversión en el ecosistema de las biociencias. Los encuentros TEI Bio Barcelona están abiertos a todo el mundo y especialmente a estudiantes y jóvenes emprendedores, con el objetivo de inspirarles a partir de casos de éxito y contar con el acompañamiento de CEOs del sector.

Organizadores de los encuentros TEI Bio en Barcelona. De izquierda a derecha: Virginia Méndez, Andreu Prados, Mireia Bosch, Alberto Zurita, Martí Jiménez, Estefanía Fernández, Míriam Fernández y Juan García (ausente).

Como dice Mark Twain “El secreto para emprender… es empezar”. Con los encuentros TEI Bio queremos crear espacios para avanzar hacia un modelo de investigación responsable centrado en aportar valor a la sociedad de una forma responsable y transparente.   

Mireia Bosch
Estudiante de último curso de Nutrición Humana y Dietética y científica apasionada en Neuronutrición
 
Andreu Prados
Farmacéutico y Dietista-Nutricionista

Imagen de la portada: fotografía realizada por Nicolás Palacios.  

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Reseña del libro “Missing microbes”

La semana pasada -los días 5 y 6 de marzo -tuve la suerte de asistir a la 5ª edición de la Cumbre Mundial sobre Microbiota Intestinal para la Salud en Miami, Florida (Estados Unidos). Gran parte del viaje de ida y vuelta en el avión la aproveché para leer el libro Missing Microbes: How the Overuse of Antibiotics Is Fueling Our Modern Plagues del médico e investigador Dr. Martin J. Blaser. Reconozco que lo tenía pendiente desde hace tiempo y este congreso fue la ocasión perfecta para ponerme al día con su lectura. 

                          

Portada del libro y su autor Martin Blaser.

La idea central del libro es que el aumento en el uso de antibióticos, los partos por cesárea y el exceso de higiene han dado lugar a una pérdida paulatina y permanente de las comunidades microbianas que habitan en nuestro cuerpo, con el consiguiente incremento de las enfermedades modernas (el Dr. Blaser las llama plagas modernas) como la obesidad, la diabetes tipo 1, las alergias alimentarias, el asma e incluso el autismo. Hasta hace poco, los microorganismos que habitan en nuestro cuerpo (denominados en su conjunto microbiota) se han considerado como una carga indeseable de invasores potenciales que nuestro sistema inmunitario debería mantener a raya. Lo ideal era un mundo esterilizado y limpio. Actualmente sabemos que no podemos vivir sin las bacterias. Ellas estaban aquí cuando llegamos y mantenemos una relación de co-evolución, co-existencia y co-operación.

Las denominadas enfermedades crónicas no transmisibles se han disparado en los últimos 70 años, desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. Para explicar el motivo de su aumento, el Dr. Blaser formula la hipótesis de que todas ellas tienen una causa en común que las desencadena y es la responsable de mantenerlas: un desequilibrio en los microorganismos que habitan en nuestro intestino.

En cuanto al efecto de los antibióticos sobre la microbiota intestinal, aunque en un principio nos han ayudado a combatir enfermedades infecciosas como la tuberculosis y la meningitis, su uso generalizado para tratar infecciones del tracto respiratorio superior o del oído ha dado lugar a una pérdida de las bacterias patógenas pero también ha matado a las bacterias beneficiosas autóctonas de nuestro cuerpo. Los antibióticos han pasado de ser los fármacos milagrosos que parecían no conllevar riesgos a largo plazo a ser fármacos sobreutilizados o usados incorrectamente en medicina humana y veterinaria. Este abuso terapéutico de los antibióticos es particularmente peligroso para l@s niñ@s, ya que son más vulnerables de lo que podemos anticipar. Pero menos del 20% de las infecciones del tracto respiratorio superior están causadas por bacterias. Y las bacterias que habitan en nuestra nariz y garganta son residentes permanentes o transitorios que habitualmente no conllevan ningún perjuicio para nuestra salud. En lugar de decir que estamos infectados por estas bacterias, lo más correcto es decir que estamos colonizad@s por ellas ya que son inofensivas y nos acompañan desde que apareciéramos en la Tierra. A mayor espectro de acción del antibiótico, más papeletas tenemos de desarrollar resistencias. Y cuanto más los usemos, la resistencia se desarrollará más rápido y la vida útil de cada antibiótico se reducirá. Por otro lado, desde mediados de los años 40 en muchas granjas se incorporan dosis subterapéuticas de antibióticos a la comida o al agua de los animales para promover su crecimiento. En el libro, el Dr. Blaser explica que los microorganismos resistentes a los antibióticos de los animales nos están infectando a través de consumir alimentos como la carne, la leche, el queso y los huevos.

A partir de estudios en ratones y humanos, el grupo liderado por el Dr. Blaser ha demostrado que la alteración del equilibrio del ecosistema intestinal, que se desarrolla hasta los 3 años de edad, tiene consecuencias a medio y largo plazo y una de ellas es la obesidad. La ventana de oportunidad del recién nacido empieza durante el embarazo y su contacto más significativo con las bacterias del entorno tiene lugar en el momento del parto. Todo lo que sucede durante el embarazo y en los 2-3 primeros años de vida importa porqué afectará al desarrollo metabólico, inmunológico y neurológico del bebé.

En los últimos 150 millones de años la exposición inicial a las bacterias a través del canal del parto ha sido lo natural para todos los mamíferos. Y esto no es casual, sino que evolutivamente es importante. Las primeras bacterias que debe ver y reconocer como amigas el sistema inmune no educado (naïve) de un bebé son las bacterias del canal del parto. Si este inóculo inicial de bacterias está afectado por la toma de antibióticos durante el embarazo y el parto o bien está formado por bacterias de la piel o del entorno hospitalario (en el caso de los nacimientos por cesárea), entonces estaremos cambiando el entrenamiento que el sistema inmune debe recibir al principio de la vida. Y este hecho es relevante si tenemos en cuenta las altas tasas de nacimientos por cesárea en el mundo actualmente: Brasil es el país del mundo con más cesáreas (en Río de Janeiro y Sao Paulo un 80% de los bebés nacen por cesárea), el segundo país es Irán y le sigue Estados Unidos y los países europeos. Afortunadamente, la técnica de transferencia microbiana vaginal permite restaurar parte de las bacterias que pierden los bebés nacidos por cesárea. Hay cesáreas electivas que no son necesarias y se debe promover el parto a través del canal natural de la vagina que es el que provee más salud. En el libro el Dr. Blaser argumenta que la pérdida de los microbios tradicionales en los primeros años de vida está detrás de la epidemia actual de las enfermedades relacionadas con el sistema inmune de las sociedades occidentalizadas, como la diabetes, la enfermedad celíaca, la enfermedad inflamatoria intestinal, el asma, las alergias alimentarias y algunos trastornos neurológicos como el autismo. De hecho, eliminar a la bacteria Helicobacter pylori que reside en el estómago y adquirimos tempranamente en la vida puede ser contraproducente. Eliminar a esta bacteria mediante la triple terapia, que incluye dos antibióticos y un inhibidor de la bomba de protones, se plantea como un objetivo en la medicina actual por su papel en el desarrollo de las úlceras gástricas y duodenales y el cáncer de estómago. Pero se ha visto que la presencia de H. pylori nos puede proteger de las enfermedades del esófago (enfermedad por reflujo gastroesofágico, esófago de Barrett y adenocarcinoma de esófago), del asma e incluso de la enfermedad celíaca, a través de suprimir las respuestas inmunes y alérgicas a través de reclutar a los linfocitos T reguladores antiinflamatorios.  

Al final del libro, se dedica un capítulo a hacer unas recomendaciones en las que debemos tomar parte todos y cada uno de nosotros (desde los profesionales de la salud hasta la población en general y pasando por los gobiernos e instituciones de salud pública) con el objetivo de restaurar la pérdida de los microorganismos tradicionales:

  • No abusar de los antibióticos y utilizarlos únicamente bajo prescripción médica y cuando sean realmente necesarios. Esta recomendación pasa por invertir en antibióticos de espectro reducido y métodos diagnósticos que nos permitan distinguir entre las infecciones virales y bacterianas.
  • Limitar el uso de productos antisépticos.
  • No utilizar antibióticos en el ganado de consumo humano.
  • La suplementación con probióticos, prebióticos o simbióticos puede ayudar a mejorar situaciones de desequilibrio en la microbiota intestinal y se debe basar en estudios de eficacia contrastada en humanos. Un mismo probiótico no sirve para todo.

Y termino este post compartiendo una reflexión del libro que me ha impactado: “Actualmente, en la práctica médica el miedo de ser demandado es por no haber hecho algo (una radiografía, no prescribir un antibiótico, no practicar una cesárea,…), mientras que muy pronto esta situación cambiará y el miedo a ser demandado aparecerá por llevar a cabo acciones innecesarias y injustificadas”.

Andreu Prados
Farmacéutico y dietista-nutricionista

Imagen de la portada: Amazon.

Cuando llegamos ellas ya estaban aquí

Posiblemente la primera idea que te viene a la cabeza cuando piensas en microbios, bacterias y virus, es que son unos bichos malos que producen enfermedades e infecciones. Aunque es cierto que los microorganismos son responsables de muchas enfermedades, la inmensa mayoría de ellos son seres vivos beneficiosos y esenciales para nuestra vida.

Los microorganismos están en nuestro planeta desde hace muchos millones de años antes que nosotr@s. Se calcula que el Big-Bang sucedió hace unos 14.000 millones de años y que la Tierra se formó hace unos 4.500-4.600 millones de años. Se han encontrado microfósiles de bacterias denominados estromatolitos que los expertos datan en unos 3.500 años de antigüedad y son la evidencia de vida más antigua que se conoce (revisión). Se cree que los microbios, las primeras células con capacidad autorreplicativa, aparecieron hace unos 3.800 millones de años probablemente en fuentes hidrotermales en los fondos de los océanos primitivos. 

                                 

Estromatolitos modernos en la bahía de Shark en Hamelin, Australia.
Imagen: microBIO.

Hace 3.800 millones de años la Tierra era un planeta con unas condiciones muy hostiles y la atmósfera no tenía oxígeno. En un primer mundo prebiótico (unos 300-500 millones de años antes de la aparición de la primera célula) aparecieron los primeros compuestos orgánicos: el RNA, las proteínas, el DNA y los lípidos. Hace unos 2.700 millones de años, poco después de que se enfriara la corteza terrestre y en zonas cubiertas por aguas poco profundas, proliferaron comunidades microbianas de cianobacterias que generaron oxígeno a partir de una fotosíntesis como la que ahora realizan las plantas verdes. Gracias a la aparición del oxígeno, la atmósfera pasó de ser anaerobia a aerobia y se fue creando la capa de ozono. De forma que el oxígeno es un “invento” microbiano. Actualmente, las cianobacterias y otras comunidades microbianas siguen siendo los habitantes más importantes del planeta Tierra por su papel importante en el equilibrio de las condiciones medioambientales: los ciclos del agua y los gases, reciclado de compuestos orgánicos, etc. Durante unos 1.800 millones de años la Tierra estaba poblada solo por microorganismos procariotas y hace unos 2.000 millones de años aparecieron los primeros eucariotas unicelulares (es decir, células con un núcleo bien diferenciado y mucho más complejas que las bacterias). Según la teoría de la endosimbiosis, hace unos 1.400 millones de años la mitocondria y el cloroplasto de los eucariotas actuales surgieron por la incorporación de una bacteria aerobia y de una cianobacteria fotosintética al interior de un eucariota primitivo, respectivamente. A partir de la aparición de estas células eucariotas “modernas” (con cloroplastos y mitocondrias) y de la colonización de la superficie terrestre continuó una explosión de la diversidad biológica y apareció la vida animal, vegetal y fúngica. Sin embargo, el origen concreto de la célula eucariota aún sigue siendo un misterio de la biología moderna (post).

   
 
Esquema del proceso de endosimbiosis.
Imagen: Wikipedia.

En el siglo XVII, Anton van Leeuwenhoek (1632-1723) fue la primera persona que observó los microbios en el agua de lluvia de los estanques o en la propia saliva humana, usando un microscopio de lente simple que él mismo diseñó. No fue hasta mediados del siglo XIX cuando la medicina entendió que las bacterias y otros microorganismos podían ser causa de enfermedad en el hombre y los animales. Las investigaciones de Pasteur y Koch pusieron en evidencia que muchas de las enfermedades infecciosas transmisibles tenían un vector microbiano específico que explicaba su difusión. A lo largo de los siglos XIX y XX, la medicina desarrolló métodos para combatir las enfermedades infecciosas a través de las medidas de higiene, saneamiento urbano, desarrollo de vacunas y descubrimiento de los antibióticos (revisión). Durante muchos años a nivel de salud pública los microbios se han considerado una carga indeseable de invasores potenciales y han tenido una connotación negativa como causa de enfermedad. Sin embargo, el ser humano al igual que los demás mamíferos ha vivido permanentemente en íntima relación de coevolución, coexistencia y cooperación con diversas comunidades microbianas desde que se iniciara la existencia de la especie humana hace unos 200.000 años (revisión). Hoy sabemos que no podemos vivir sin las bacterias. El paradigma ha cambiado y los últimos avances científicos subrayan que la inmensa mayoría de los microorganismos que viven en asociación con nosotr@s contribuyen a su buen desarrollo fisiológico. Así, en la última década, se empieza a tener en cuenta el análisis de las heces en el estudio de prácticamente cualquier enfermedad. Aunque en el estudio de la microbiota aún estamos en la Edad de Piedra, mejorar la simbiosis entre el anfitrión humano y los invitados microbianos es un pilar fundamental tanto en la prevención como en el tratamiento de la mayor parte de las enfermedades crónicas occidentales.   

En conclusión, durante más de 3.000 millones de años los microbios han sido los únicos pobladores del planeta. Las bacterias estaban aquí cuando nosotros llegamos. Tal y como dice el Dr. Ignacio López-Goñi, profesor de microbiología y virología en la Universidad de Navarra, “los microorganismos no solo nos han precedido sino que nos sobrevivirán”.               

Andreu Prados
Farmacéutico y Dietista-Nutricionista

Bibliografía:

 

¿Por qué hacer divulgación científica?

Todos los que nos dedicamos a la investigación sabemos que la ciencia es necesaria para generar nuevos conocimientos. La ciencia y la tecnología han experimentado un desarrollo ininterrumpido durante los últimos 400 años. Como consecuencia de este hecho, actualmente nuestra sociedad está altamente tecnificada y especializada. Sin embargo, paralelamente existe un gran desconocimiento público de